La impuntualidad se ha vuelto un estilo de vida, regularmente algunas personas al interactuar con otros recalcan esta particularidad, hasta con gracia, indicando que “siempre ha sido así”, como un defecto irremediable, una característica que el resto del mundo debe aceptar o entender, justificándose con múltiples y diversas razones que de acuerdo al impuntual, son de fuerza mayor, pero que en la mayoría de los casos son situaciones comunes que afectan a todos de igual manera, sin embargo este individuo considera que los que si logran cumplir con ese reto (llegar a la hora) “hacen magia” o “cuentan con mucha suerte”.
Aun estando concientes de que debemos hacer acto de presencia en algún lugar, hora y momento determinado, de manera constante, incumplimos ante esta responsabilidad, afectando el tiempo de los que forman parte de dicho entorno; establecemos rutinas en nuestro itinerario diario, con dinámicas que nos ayudan a llegar “no tan tarde” o a cumplir con las actividades que son necesarias llevar a cabo antes de hacer acto de presencia: maquillaje, peinado, colocarse la corbata, sacarse las cejas, desayunar, estudiar, etc., mientras manejamos, somos copilotos o hacemos uso del transporte publico que nos corresponde.
Si al que madruga dios lo ayuda, probablemente debemos existir muchos desamparados, ya que estas bendiciones no caen sobre todos porque es un esfuerzo a sacrificio que no muchos están dispuestos a cumplir, pecado que solo consideramos realmente significativo cuando somos nosotros los que debemos esperar.
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