Muchas veces es más fácil contar con que nuestros semejantes saben hacer las cosas que no deseamos o no estamos en la disposición de llevar a cabo, por la sencilla y simple razón de que invertimos tiempo en otras cosas que para nosotros tienen mayor interés en este momento de nuestras vidas o porque es más sencillo “delegar” estas funciones. También estamos seguros, de que existen en el mundo muchas personas que son puestas en nuestro camino “por Dios, la virgen, la suerte, la ley de causa y efecto, las animas, el destino y una innumerable cantidad de personajes y circunstancias, para que nos resuelvan asuntos pendientes o nos faciliten el acceso a aquello que es tangible o accesible pero que, por alguna extraña razón no nos hemos esforzado en obtener.
Muchas veces retrasamos la llegada de nuestros propios beneficios por estar seguros de que si lo realiza alguien mas quedara mejor, o en caso contrario esperan contar con nuestra aprobación para poder hacerlo, aunque “me puedes enseñar pero si lo haces tu seguramente quedara mucho mejor, la próxima me toca a mi”.
Lamentablemente, en nuestras familias (muchas de ellas, por no decir en la gran mayoría), desde pequeños se nos dice “esta vez lo hago yo, pero la próxima lo haces tu…” cosa que nunca sucede, ya que nos acostumbramos al “producto ya elaborado” (cuarto organizado, juguetes recogidos, tareas que nos dios flojera terminar, etc.) pero adoptamos esta enseñanza en nuestra vida adulta como una condición de vida, en la que buscamos personajes que nos ayuden con lo que nos deberíamos estar esforzando en obtener, que deberíamos hacerlo por el simple hecho de que somos capaces y que es mucho mas gratificante saborear el gusto de decir: lo logre por mis propios medios.
Lo amigos son la familia que se escoge. Y este mundo es una gran familia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario